Sergio Pino (Los Polvorines, Malvinas Argentinas, Buenos Aires, 1968) es un artista plástico argentino cuya trayectoria se forja en la intersección del arte, la exploración cromática y la profundidad del psicoanálisis lacaniano. Desde su infancia, Pino mostró una marcada inclinación por las artes plásticas, estimulado por los dibujos de su madre y la riqueza visual de los libros de aventuras. Este temprano contacto con la imagen sentó las bases de una exploración que, inicialmente a través de la copia y luego de la recreación, lo llevó a indagar en la invención y el color.

Aunque sus estudios universitarios lo llevaron por el caminode las Ciencias Políticas en la UBA, el dibujo siempre fue una constante en su vida. Un punto de inflexión fundamental en su desarrollo fue su inmersión en el psicoanálisis, un proceso que abarcó casi quince años y redefinió su percepción de sí mismo como artista. Este camino lo llevó a una formación autodidacta complementada con estudios en la Universidad Nacional de las Artes (UNA), entonces IUNA, y seminarios con el aclamado escultor Antonio Pujía, cuya influencia marcó profundamente su ética y poética artística, especialmente en la valoración del proceso sobre el objeto.

La teoría analítica de Jacques Lacan, explorada bajo la guía de la psicoanalista Adriana Valmayor, se convirtió en un pilar conceptual de su obra. Esta confluencia de intereses se materializa en su rol como coordinador artístico en el Taller de Artes Combinadas del Servicio de Salud Mental del Hospital General de Niños Pedro de Elizalde, donde el arte opera como herramienta terapéutica y expresiva para niños y adolescentes, facilitando la emergencia de lo subjetivo. Además, su compromiso con el ámbito lacaniano se extiende a la participación en seminarios y laboratorios en la Escuela de Orientación Lacaniana de Buenos Aires (EOL) y exposiciones en congresos.

La obra de Pino es un reflejo de esta síntesis entre arte, psicoanálisis, compromiso social y militancia, dotando de contexto y contenido a su expresión plástica. Su interés en la pintura y escultura contemporánea lo ha llevado a un compromiso estético con las corrientes abstractas, expresionistas, neoexpresionistas y conceptuales. Sus indagaciones actuales se centran en el concepto lacaniano de sinthome o "solución", buscando la relación intrínseca entre el arte, el sujeto creador y el alivio del síntoma o el goce. Esta búsqueda lo conecta con un plano social y regional, manifestándose en series como "Originaria" y proyectos como "Sinthome sudamericano". Los títulos de sus series, como "Sujeto deconstrucción" e "Inconsciente deconstrucción", son un testimonio explícito de su diálogo con la teoría psicoanalítica y la filosofía contemporánea. A través de estas nominaciones, Pino revela su interés en desarticular las nociones establecidas de la identidad y la psique, explorando cómo el inconsciente se manifiesta y se reconfigura en el acto artístico. En sus lienzos, predominan amplias zonas de color que se superponen y se entrelazan con gestos espontáneos, creando composiciones dinámicas que, si bien carecen de una figuración explícita, transmiten una energía contenida y, a menudo, una sensación de monumentalidad, reflejando la complejidad de los procesos psíquicos que aborda. La herencia de Pujía, centrada en el amor por los elementos y el proceso creativo, se entrelaza con su enfoque en el color como eje expresivo, explorando la "sonoridad" y las emociones que este puede evocar. La forma, en su obra, se vuelve cada vez más abstracta, un recurso para que el color se manifieste sin pretensión de interpretación. Su pincelada modesta pero distintiva, impregnada por la admiración hacia figuras como Clifford Still (por sus campos de color fracturados y su gestualidad telúrica), Pollock (en la espontaneidad del trazo), Motherwell (en la economía gestual y la carga emotiva), Gottlieb (en la disposición de elementos abstractos cargados de significado primigenio), Rothko (en la inmersión contemplativa del color), Franz Kline (en la audacia y el peso del gesto), Helen Frankenthaler (en la fluidez y la transparencia de las manchas), de Kooning (en la energía de la pincelada), Hans Hoffman (en el empuje de las formas y el impacto cromático), Sam Francis (en la dispersión lírica del pigmento) o Joan Mitchell (en la vitalidad del trazo), busca forjar su propia huella en el vasto legado del expresionismo abstracto, ofreciendo un diálogo visual que apela directamente al inconsciente del espectador. Esta síntesis entre la tradición gestual y una conceptualización psicoanalítica profunda, le permite a Pino trascender la mera influencia, estableciendo un lenguaje pictórico contemporáneo que es a la vez visceral y reflexivo.