La obra de Sergio Pino se erige como un interrogante vibrante en el panorama del arte contemporáneo, sumergiéndose en las profundidades de la experimentación visual y la resonancia emocional del color. Enraizado en una exploración estética que abraza el expresionismo abstracto y el conceptualismo, Pino trasciende la mera representación para indagar en la potencia del arte como una "solución" en el sentido lacaniano del sinthome. Esta búsqueda no es un ejercicio intelectual abstracto, sino una encarnación de la convicción de que el acto creativo, al igual que el análisis, opera sobre lo sintomático, posibilitando una transformación y un goce singular, donde la materia pictórica es el lugar de inscripción de lo inefable.

Influenciado por la impronta ética y poética legada por el maestro Antonio Pujía, Pino aborda el proceso artístico con una reverencia por la materialidad y la alquimia de la creación, más allá del objeto final. Esta dedicación al "hacer con el arte" encuentra su eco en una paleta donde el color no es un mero atributo visual, sino el vehículo primordial de un código emocionalmente impactante. Las formas, cada vez más abstraídas, se disuelven en un segundo plano, cediendo protagonismo a la autonomía del color, que resuena con una "sonoridad" capaz de despertar emociones en el espectador sin exigir una lectura unívoca. Sus composiciones a menudo presentan amplias masas cromáticas que se expanden o se concentran, dialogando con los límites del soporte y generando una tensión visual que invita a la inmersión. La vibración de los colores y la textura de la pincelada sugieren una contundencia gestual que se ancla en la tradición del expresionismo abstracto, pero que a la vez busca una voz propia. La intensidad de su paleta y la dinámica de su trazo buscan provocar una experiencia háptica y emocional, trascendiendo lo puramente visual para impactar en la fibra misma de la percepción del observador.

La obra de Pino se nutre de la tradición de los grandes maestros del Expresionismo Abstracto, percibiendo en la monumentalidad gestual de Pollock o la profundidad cromática de Rothko, ecos de una liberación de la forma en pos de una expresión pura. Sin embargo, su gesto pictórico no busca emular, sino que, con una modestia arraigada en la admiración, aspira a desarrollar una huella propia, donde la pulsión creativa se manifiesta en cada pincelada. Los títulos de sus series, como "Sujeto deconstrucción" e "Inconsciente deconstrucción", no son meras etiquetas, sino enunciados programáticos que articulan la esencia de su exploración. Revelan una intención profunda de interrogar la construcción de la subjetividad y los complejos mecanismos del inconsciente a través del lenguaje pictórico. Este ejercicio de "deconstrucción" en el lienzo se alinea con la práctica psicoanalítica, donde la obra de arte deviene un espacio privilegiado para la emergencia de verdades veladas y la dislocación de las certezas. Las series como "Originaria" y proyectos como "Sinthome sudamericano" extienden esta indagación al ámbito de lo social y regional, anclando la universalidad del inconsciente en el contexto específico de América del Sur, y resonando con las fracturas y reconfiguraciones de la identidad contemporánea en el sur global.

En última instancia, el arte de Sergio Pino es una invitación a la inquietud, un lienzo donde el inconsciente se proyecta y el síntoma encuentra una vía de expresión. No pretende comunicar una idea preestablecida, sino operar como un planteamiento de la propia estructura neurótica y creativa del artista, ofreciendo al observador un espacio para la resonancia, la reflexión y la experiencia de un impacto vital que evade la respuesta fácil y abraza la complejidad de la existencia humana. Cada obra se convierte en un fragmento de una experiencia subjetiva, abierta a la interpretación y a la resonancia emocional, invitando al espectador a un encuentro con lo indecible del deseo.